Río Tinto

Río Tinto

Cinco mil años de historia de la minería.

Río Tinto es una de las zonas con actividad minera y metalúrgica más antiguas del mundo. Este nombre asociado al río de aguas bermejas, que nace en ella y la cruza en su curso alto, es sinónimo de minería a nivel mundial.

En esta comarca, las primeras operaciones comenzaron hace 5.000 años en el calcolítico, dos milenios después, durante el esplendor del mítico Tartessos, la plata extraída de Riotinto, junto a la de otras minas, fue llevada por fenicios y poco después por griegos al otro lado del mediterráneo, hasta la apertura en el siglo VI a.C. de las minas de Laurion en Grecia.

La época romana fue el primer gran periodo de explotación de este metallum (mina en latín). Prueba de los seiscientos años de beneficio de estos criaderos son las 20.000.000 de toneladas de escoria romana generadas y los isótopos de plomo hallados en el hielo de Groenlandia procedentes de Río Tinto, que demuestran por si sólo que esta mina fue la más importante del imperio.

Con el final de la Edad Antigua y el comienzo de la Edad Media, comenzará un período de decadencia para esta comarca, del que no saldrá hasta el inicio del gobierno de Felipe II, cuando tras el éxito en la reapertura de las minas de Guadalcanal, se envíe a Francisco Mendoza y Diego Delgado para inspeccionar las minas. El interés de la corona no fue suficiente para la puesta en operación de las minas.

El siglo siguiente, será Álvaro Alonso Barba, el mejor metalurgo de la historia de España y el mejor científico del siglo XVIII, quien demuestre por primera vez que los minerales de Riotinto tenían leyes beneficiables de oro, además de las ya conocidas de plata y cobre. Pero el trabajo de este lepero, padre de la minería americana, no fue suficiente para que la mina volviera a la actividad. Habrá que esperar hasta 1725 durante el gobierno del primer rey Borbón cuando, don Liberto Wolters, caballero de nación sueca, saque a Riotinto de su letargo de siglos. En el último cuarto del siglo XVIII, tras unos comienzos difíciles, las minas pasarán por primera vez a manos del Estado. El trabajo de los ingenieros de Minas, formados en la recientemente creada Escuela de Minas en 1777, hicieron rentable este yacimiento hasta la invasión napoleónica en los albores del siglo XIX.

Tras casi una década de paralización, Río Tinto volvió a ser puesta en actividad, pero en arriendo a una empresa privada, del Marqués de Remisa, período donde a pesar de la introducción de nuevos métodos, primó el beneficio frente a una explotación racional, como demostraron los magníficos trabajos de los diversos Ingenieros de Mina que visitaron Río Tinto en ese período. En 1849, el Real Establecimiento de las Minas de Río Tinto volvió a manos de la Real Hacienda, siendo gestionada durante 24 años por algunos de los mejores técnicos mineros de España, como Ramón Rúa Figueroa. Especialistas de la talla de Ezquerra del Bayo, Anciola, Cossio o Escosura, propusieron mejoras, como la construcción de un Ferrocarril o la explotación por roza abierta de los filones, sobre todo del Filón Sur o Nerva, que no fueron puestas en marcha por la falta de inversión estatal.

A principio de los años 70 del siglo XIX el Estado español decidió que Río Tinto, una de las joyas de la corona del Estado, iba a ser vendida mediante subasta. Pasando este criadero a manos de un consorcio de capital extranjero, principalmente británico, constituyéndose en Londres el 29 de marzo de 1873, Rio Tinto Company Limited, empresa que explotará este criadero durante 81 años, el segundo gran período de explotación de esta Cuenca Minera.

La llegada de esta compañía, trajo desde nuevas y mejores tecnologías, como el ferrocarril, hasta nuevas formas de organización del trabajo y el territorio. Así aparecieron desde las primeras cortas, Filón Sur, a las mayores del mundo para la primera mitad del siglo XX, Corta Atalaya, y por ende los “vacies” mineros, comenzándose a generar un paisaje fuertemente antropizado, hasta una nueva arquitectura alóctona tanto para obra civil como industrial.

En 1954, Rio Tinto Company Limited vendió las dos terceras partes de la mina a un consorcio de capital español, constituyéndose la Compañía Española de Minas de Río Tinto. En 1966, para el beneficio de nuevas mineralizaciones y desarrollar las operaciones pirometalúrgicas de cobre, nace una nueva empresa llamada Río Tinto Patiño.

En 1970 la Compañía Española de Minas de Río Tinto se fusionó con Unión Española de Explosivos formando Unión Explosivos Río Tinto. En 1977 se constituye la empresa Río Tinto Minera S.A. (RTM), fruto de la unión de los activos de Explosivos Río Tinto y Río Tinto Patiño. Esta nueva compañía explotó la mina y la fundición en Huelva (actual Atlantic Copper), puesta en funcionamiento en 1970.

La segunda mitad de los años 80 fue un período de crisis debido a la caída de los precios del cobre, que determinó el cierre de esta línea de producción, centrándose la actividad en la explotación del mineral de gossan para la obtención de oro y plata.

En 1994 FreePort McMoRan adquiere la mayoría de las acciones de Río Tinto Minera, estando interesada principalmente en la Fundición de Cobre de Huelva.

El 1 de agosto de 1995 decidió la venta de la explotación minera de Riotinto a los trabajadores por el precio simbólico de una peseta por acción constituyéndose, Minas de Rio Tinto Sociedad Anónima Laboral, nueva empresa que operará en Riotinto hasta septiembre de 2001 cuando la baja cotización del cobre hizo imposible la continuación de las operaciones mineras y mineralúrgicas de forma rentable.

En 2015 Emed Tartessus, actual Atalaya Mining, volvió a poner en explotación Riotinto para la obtención de concentrado de cobre. Esperamos que esta última etapa vuelva a hacer de esta milenaria mina un nuevo “Dorado Andaluz” u otra “California del Cobre”.

En 1985 Río Tinto Minera S.A. propuso la creación de Fundación Río Tinto y el Parque de la Minería, haciéndose realidad en 1987 con la creación de la Fundación Río Tinto para la historia de la minería y la metalurgia.

Esta milenaria historia minera ha generado un territorio hecho por la mano del hombre, jalonado de bienes patrimoniales testigos de todas estas épocas y los distintos procesos mineros, mineralúrgicos y pirometalúrgicos, que actualmente están catalogados e inventariados y declarados Bien de Interés Cultural.

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